SUGERENCIAS SOBRE LA ENSEÑANZA DE YOGA

El maestro de yoga, con una mente clara, ha de establecer metas adecuadas para su enseñanza de yoga. Tanto el profesor como el estudiante deben ser conscientes tanto del procedimiento como del objetivo, en el estudio del Yoga. La meta en el sistema de Yoga, es la transformación total del individuo, entrenando el desarrollo de su conciencia espiritual, que más tarde impregnará todas las facetas de su vida. En el otro lado está la filosofía y práctica social, en permanente evolución. Así que lo que el profesor de yoga ha de fijar como objetivo de la enseñanza, será la incorporación de la filosofía del Yoga, o variables de la misma, y la forma de adaptarla a su sociedad y cultura.

Por ejemplo, rara vez propone como objetivo la autorrealización, o el recogimiento. De la misma manera, tampoco debe plantear en sus enseñanzas, en una sociedad moderna tan materialista, la aniquilación total del ego o la forma más elevada de renunciación. De hecho, en la práctica real, hay una aplicación gradual de los ideales del yoga.

Desafortunadamente hoy en día, los objetivos de la educación del Yoga son tan materialistas, que solo se busca la liberación de molestias físicas o la adquisición de objetivos utilitarios, como fuerza física, eficiencia e inteligencia.

Generalmente el profesor de yoga no es claramente consciente de los propósitos y objetivos de su alumno y en segundo lugar, tampoco de su labor docente.

La docencia del Yoga, de alguna manera se convierte en una profesión como otra, con la única idea de hacer dinero y promocionarse personalmente, en la mayoría de los casos. No existe una conexión clara y eficaz, entre el objetivo y las actividades de enseñanza reales proporcionadas en un centro de Yoga. A veces, topamos con seductoras prácticas, que preparan a los estudiantes para obtener el Samādhi en pocas semanas, supuestamente por un par de ejercicios físicos y mucha verborrea. Lo que el profesor de Yoga pierde por una metodología incorrecta, trata de suplantarlo con profusión de discurso, jerga técnica e inverosímil beneficio. Sería correcto decir que el fin y el objetivo de muchos centros de Yoga, es enseñar algunas Āsanas, Kriyās y ejercicios de respiración, junto con un poco de teoría sobre Aṣṭāṅga Yoga.

Por diversas razones, los estudiantes logran alguna mejora en su salud física y estrés mental. En cuanto al alivio de la tensión y la remisión de las enfermedades causadas por la tensión, el profesor de Yoga proclama su capacidad para tratar cualquier tipo de enfermedad. Además, con la relajación profunda, proporciona un cierto grado de tranquilidad, lo que supone un reclamo adicional de poderes espirituales.

Los centros de Yoga modernos basan su esquema operativo, en un despliegue de material para objetivos básicos de aptitud física y relajación superficial. No logran mucho, porque se quedan en lo periférico. No apuntan alto porque tienen enormes carencias y están muy limitados. Su objetivo consiste sobretodo en la ejecución gimnástica de Āsanas difíciles. Este es su armario docente. Sobre esta base débil, pretenden construir un rascacielos gigantesco con la escuela de Yoga Patañjali.

Las prácticas de gimnasia que recomiendan son complicadas posiciones corporales y controles musculares de textos tanto antiguos como modernos. Algunas de las posturas son caóticas. La única razón fundamental para la selección de ejercicios es la evidencia de oídas. Además de las posturas corporales, se ofrecen ciertos Kriyās espectaculares y algunos ejercicios de respiración al estilo moderno, bajo el nombre de Prāņāyāma. Sin duda, tal material puede producir algunos beneficios superficiales.

El área en la que el verdadero maestro de Yoga debe trabajar, es lo más difícil, tener una excelente formación y un gran curriculum. Basar su formación en un diseño tradicional, que aporte ciertos principios yóguicos objetivos. El trabajo realizado a este nivel, en la selección de las prácticas y material teórico, y el objetivo que se establece, ayudará considerablemente a la labor docente. Por ejemplo, no tiene sentido diseñar el horario de un día de Yoga, con solo un tipo de práctica. Imagine a un estudiante aprendiendo media docena de posturas meditativas en un día y realizarlas durante tres o cuatro minutos cada una. Una opción adecuada hubiera sido aprender solo una postura meditativa y realizarla durante unos 20 minutos.

El maestro también debe analizar las prácticas yóguicas que están a su disposición y hacer un programa sobre una base de objetivos establecidos. Gran parte de este conocimiento se realiza a partir de la propia experiencia, así como la obtenida al enseñar a otros. Āsanas que entrenan la coordinación neuromuscular, también favorecen la concentración y ritmo respiratorio adecuado durante la realización de posturas.

El ritmo Yogendra en las prácticas respiratorias facilita la introversión. Muchos de las Āsanas culturales ejercitan la columna vertebral o generan compresión abdominal, etc. Es evidente, que el profesor de Yoga no debe depender meramente de un conjunto de prácticas para su labor docente. Más bien debería plantearse las siguientes preguntas: ¿Cuál es el efecto de una práctica en particular? ¿Cuál su efecto a corto y a largo plazo? ¿Está incorporado como efecto a largo plazo el ideal yóguico más elevado? ¿No debe el profesor de Yoga, con una mente clara, establecer metas adecuadas para su enseñanza de Yoga? ¿El profesor de Yoga reconoce el efecto del entorno familiar, laboral, social, etc., en el estudio del Yoga? En resumen, ¿el profesor de Yoga es realmente consciente de lo que está haciendo? Esta conciencia es la clave para la verdadera enseñanza del Yoga.

Dr. Jayadeva Yogendra

TRADUCCIÓN: EPIFANIO CASTILLO

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