Como me inicié en el estudio del Yoga. Shri Yogendraji

No tenía ninguna razón especial que me empujara a iniciarme en el Yoga, ni física, ni personal. Pero el Guru puede ver muy profundo dentro del estudiante. Así que cuando Madhavdsaji tuvo ese encuentro conmigo, lo primero que hizo fue hacerme vivir directamente la experiencia del Samadhi, para que tuviera un impacto y visión de la última experiencia. El sabía que únicamente aquél acontecimiento podía cambiar a una persona tan racional como yo. En lugar del conocimiento puramente memorístico y mecánico, que había recibido desde mi infancia en la enseñanza, pude ver directamente aquél otro “conocimiento – experiencia”, que me mostraría el propósito de mi existencia.

Comencé  con un estado mental totalmente aséptico, abierto, dejando en manos del maestro la enseñanza que él creía apropiada para mí. En el primer contacto de tanteo, no me enseñó absolutamente nada, excepto dejarme hacer lo que me diera la gana; aún así deje por completo la responsabilidad de mi formación en sus manos, sin insistir para nada al maestro, al contrario de cómo se hace en la actualidad. Pero también es cierto que había un riesgo, podía tirar por la borda, una etapa importante de mi vida. Yo tenía una constitución física muy fuerte, el maestro sabía lo que disfrutaba comiendo, así que me dio total libertad para comer y beber todo lo que me apeteciera. Pero vio que yo comía exclusivamente lo que creía necesario para mi organismo y el resto del tiempo lo dedicaba a leer libros de la biblioteca.

Antes de la disciplina férrea del entrenamiento en ciernes, yo no tenía ningún tipo de creencia en particular, tampoco en la existencia de Dios. Aunque el resto del colectivo del Asrama visitaba asiduamente un templo cercano, yo nunca lo hice. Cuando el resto de compañeros, pedían al maestro alguna explicación sobre esta conducta, el maestro no se inmutaba y les dijo que Mani estaba intoxicado y que le dejaran total libertad. A cada uno de los discípulos del Asrama, se les permitía la práctica libre de su religión o creencia.

El rigor del entrenamiento que se aplicaba en aquél tiempo, sería impensable actualmente, con el tipo de mentalidad y constitución del hombre de hoy día.  Tres horas de Trataka mirando la vela, sin parpadear tiene poco de espiritual, era una técnica para mantener el cuerpo en un estado inmaculado de salud durante toda la vida. Incluso si la práctica se interrumpía, después de varios años se podían retomar sin dificultad especial. Esto se conoce como el estado de Siddhi, que es muy difícil de obtener.

No es necesario dedicar todo el tiempo al entrenamiento del Yoga; pero sí un tiempo prudencial es obligado, en el cual, todas las demás cosas deben olvidarse. Incluso en mis mejores años  después de la estancia en el Asram, dedicaba dos horas diarias a las prácticas. El resto del tiempo lo dedicaba a leer y escribir.

TRADUCCIÓN: EPIFANIO CASTILLO

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