Orígen del GAYATRI. La leyenda (Primera parte)

La historia que voy a contarte es muy famosa en India pero apenas se conoce fuera del país. Una historia tan famosa que ha influido en los estilos de vida a través de los siglos, en mi caso me crie en India, en un hogar brahmán semi-ortodoxo. Los brahmines  son la casta sacerdotal y en mi casa, estaba prohibido comer berenjenas los jueves, por contar una anécdota curiosa.

Esta historia puede dar lugar a hechos curiosos como este, que nos hace pensar en conductas ridículas, pero puede que sea la historia más famosa que jamás hayas escuchado. Así que esta es la leyenda de un guerrero que se convirtió en yogui, es una exposición de lo que sucede cuando el poder humano se enfrenta al poder divino, pero lo más curioso es que es la epopeya de un mantra.

Los mantras son encantamientos sagrados que generan una resonancia especial en el organismo, no solo resonancia proveniente del sonido acústico por supuesto, sino resonancia del plano astral, el resultado es la reducción del velo de ilusión de Maya, que se va retirando muy ligeramente para ayudarnos a percibir al Creador detrás de la existencia.

Los mantras son terapéuticos, eso es lo que significa la palabra mantra, lo que sana, hay muchos tipos de mantras. Unos muy simples y hermosos como Rama Rama Rama Rama Rama, cuya repetición por largo tiempo genera un estado interior de gran serenidad. El hermoso canto que escuchaste al entrar en este anfiteatro Om Namah Shivaya, un mantra de seis sílabas Om namo Shiva Ja, seis simples sílabas, se utiliza para destruir los malos hábitos mentales y ponderarnos para encarar con éxito todo tipo de dificultades.

El mantra de doce sílabas om namo bhagavate vasudevaya, eleva por medio de la palabra nuestra energía en la columna vertebral, en direcciona ascendente, hacia la parte divina del ser humano.

El mantra de treinta y dos sílabas Mahamantra, el pilar central para las ceremonias indias del fuego, es el mantra de la liberación, el mejor, es el más fácil, el más exaltado, tan poderoso, tan lleno de benevolencia y gracia, que cualquiera que lo cante no importa quien sea, incrementa la carga cósmica que dirige la voluntad hacia la iluminación, por supuesto, es el mantra Gayatri.

Compuestos de veinticuatro sílabas ha sido cantado por millones de personas durante miles de años. Está presente en nuestras ceremonias de fuego, no es algo que se pueda inventar así porque sí, no puedes irte a casa esta noche y decir que voy a inventar un mantra para el dolor de espalda, se te ocurrirá algo que podría aumentar tu dolor, la ley de las vibraciones no funciona de esa manera, cuando un maestro auto-realizado entra en profunda comunión con lo divino, con un intención específica que es beneficiosa para todo el mundo, con ayuda de Dios, se manifiesta en un conjunto de sonidos astrales que se funden en el mantra.

Revelación en meditación profunda por grandes maestros, esta es la historia del Gayatri mantra, que estableció que todas las historias deben iniciarse de la misma manera. Hace mucho, mucho tiempo, esta historia también hace mucho tiempo, fue en una etapa superior llamada Satya Yuga, se dice que en esa época la justicia del Dharma descansaba sobre los cuatro pies de hombres firmemente establecidos y las mujeres podían escuchar la voz divina fácilmente, en esa época vivió un rey de nombre Vishwamitra. Que significa amigo del universo, un gran rey, bajo su mandato los ciudadanos eran prósperos, vivían en armonía, pensaban en Dios, en contacto directo con la naturaleza, un rey poderoso que gobernó con la combinación perfecta de justicia, poder y amor. Tuvo un gran ejército, él mismo fue un gran guerrero, bajo su liderazgo sus ejércitos invictos tenían dominio sobre gran parte de aquella tierra. Pero un rey no puede pasar el rato en su palacio todo el tiempo dando fiestas o recibiendo visitas, aunque eso es parte de su trabajo, de vez en cuando tiene que ir a supervisar su reino, visitar los pueblos, vasallos y escuchar lo que la gente dice, un trabajo de campo para asegurarte de que todo vaya bien.

Así que Vishwamitra el gran rey el amigo del universo, decide hacer esto, pero su reino es de dimensiones colosales, no puede salir por la mañana y volver al día siguiente, así que prepara un séquito y un pequeño ejército de élite y comienza a recorrer el reino, tan vasto que se necesita casi un año entero para la gira completa.

Ha pasado un año y la expedición del monarca está a punto de llegar a su fin, el reino es feliz y va todo bien, no hay indicios de malestar o rebelión, el pueblo parece contento; pero antes de regresar a palacio quiere hacer su última visita, un lugar diferente, que represente el colofón de un año estupendo y ha de ser en una ermita, un ashram  de reconocida veneración por sus súbditos, que se encuentra perdido en lo más profundo de la selva, última parada para que toda la comitiva descanse. En esta ermita vive el Rishi, es un título de un maestro de gran altura espiritual, en aquellos días el rey era responsable del bienestar material de sus ciudadanos, pero además debía preocuparse también de su bienestar espiritual, ambos aspectos se consideraban igualmente importantes.

El Rishi tan destacado se consideraba gurú del rey y como el protector espiritual del reino Vishwamitra, está visitando el ashram de su guru, el gran Rishi Vasishtha, en sánscrito los nombres representan unas cualidades determinadas, vasishtha era un “sapta rishi” uno de los siete principales autores de los versos del Rig Veda (segundo Milenio A.C.), incluso existe una asana: vashsistasana, entre los propios rishis era considerado un alma especial, en permanente contacto con la divinidad, se suponía que cuando hablaba Dios lo hacía a través de él. Todo lo que decía se realizaba, porque seguía la voluntad de Dios, así que era un espejo de la voluntad divina. También se le conocía como Brahmarishi por esta cualidad divina. Se acompañaba de un bastón que decían tenía poderes superiores.

Así que el gran monarca visita al ermitaño en su choza del bosque, en señal de respeto se quita el calzado antes de entrar. Vasishta tiene un aspecto desaliñado, con grandes melenas, enorme barba blanca y unos grnades ojos que irradian profunda serenidad, todo el entorno del ashram está lleno de animales salvajes, que deambulan mansos por aquel ambiente lleno de paz, generosos árboles frutales, un lugar especial en el que conviven en armonía hombres espirituales y animales salvajes.

Vasishtha recibe a Vishwamitra y le pregunta: Oh rey, ¿estás bien? ¿cómo se encuentra el reino? ¿qué problemas tiene el pueblo? Vishwamitra responde a todas las preguntas y luego le pregunta al guru Deva si tiene todo lo que necesita para llevar una vida agradable. Le responde que todo está perfectamente y agradece su enorme generosidad, así hablan durante un tiempo. El sabio le invita a conocer el Ashram y disfrutar de un gran banquete  para toda la comitiva. El rey se pregunta cómo un lugar tan austero y pobre puede ofrecer comida y cobijo para tan enorme séquito con la categoría que se merece. ¿Dónde están las cocinas? ¿Dónde guardan tal cantidad de alimentos? Si sólo hay diez pobres chozas,….. ¿como piensa atender a la realeza en estas míseras condiciones?

Mientras hablan y pasean por los alrededores, llegan a un prado donde unas cuantas vacas pacen tranquilamente, una de ellas llama poderosamente la atención, se puede decir que es un animal un tanto especial, Vasishtha mira a la vaca y la vaca está tan sintonizada con su maestro, que ella siente la mirada, se acerca y lame su mano dulcemente, le mira con sus grandes ojos marrones llenos de amor, como preguntando al maestro qué quieres. Vasishtha la dice: mira mi niña – mientras toca su frente con la señal de Brahma -, como puedes ver tenemos muchos invitados, ¿puedes preparar un gran banquete para nosotros? El animal siente un ligero temblor como si algo divino le hubiese recorrido el cuerpo, emitiendo un bramido muy especial.

De repente algo extraordinario sucede, del vientre de la vaca celestial comienzan a emerger grandes cantidades de comida, arroz tibio fundido con manteca y azafrán, ríos de leche, miel y cuajada, mangos, melones, guayabas, todo tipo de panes, platos de plata, de oro, copas de cristal, en el claro del bosque aparecen mesas y montañas de comida mágicamente presentadas como un bufet, un banquete como nunca nadie ha visto, los soldados que han estado comiendo tan mala comida durante todo un año, sorprendidos están ansiosos por devorarlo todo.

El guru dispone a todos sus discípulos, reúne a toda la gente y bendice la comida. Recibir al Señor con deleite en esta comida porque está infundida con su amor, su energía, su vida divina. La comida recibe esta doble bendición. Luego los soldados comienzan a comer insaciables arrasando con todo lo que encuentra en las mesas, apilan sus platos vacíos pero la comida sigue apareciendo, comen sin pausa durante horas, sin sentido, así de hambrientos estaban. Vishwamitra estupefacto, piensa como sería su vida si poseyera una vaca así, las fiestas interminables que podría disfrutar en su corte. ¿Qué está haciendo esta vaca aquí? Se pregunta.  Así que se acerca a Gurudeva y le dice, supongamos que hay un gran diamante en el bosque, ¿no crees que sería una estupidez no cogerlo? ¿Para qué sirven sino?  Señor esta vaca es exactamente así, si yo dispusiera de este diamante podría acabar para siempre con el hambre en mi reino Te daré diez mil vacas por esta vaca tan especial.

Vasishta le mira y dice que esta vaca es del creador, que su destino es estar aquí, su karma o Dharma es para satisfacer las escasas necesidades de mi ashram, no puede estar en el palacio, eso no puede ser. Vishwamitra enojado insiste en su negociación, es el rey y señor por encima de todos, te daré 14000 elefantes de guerra, el monje del bosque vasista sonríe, ¿no se qué hacer con un elefante y mucho menos un elefante de guerra y con 14.000?, además te ofrezco 11.000 de los mejores caballos, insiste el rey. No puedo darte la vaca. El rey ofuscado y con más ardor que antes si cabe, sube la oferta, ofrece ochocientos carros llenos de lo más selecto y las más hermosas piedras preciosas. Vasishtha le mira y en un tono a la vez desdeñoso y firme, dice: puedes darme un millón de vacas, me puedes dar  toda la riqueza de tu reino, pero no tendrás la vaca, porque no puede pertenecerte, no es tu Dharma. Vishwamitra es un gran guerrero, un gran rey que no está acostumbrado a que nadie le desobedezca, dice: ten cuidado con tu tono, recuerda a quien le estás hablando, la tierra que pisas es la tierra que regento, lo que tú tienes es porque te lo concedo yo, todo lo que hay en esta tierra me pertenece, podría haber tomado la vaca en cualquier momento, pero por respeto te ofrecí gran riqueza y la has rechazado, ahora atente a las consecuencias. Chasquea los dedos y un general del ejército viene presto a recibir órdenes de su señor: “Prepara un escuadrón y coge la vaca, vamos a llevarla con nosotros”. El escuadrón de soldados se apresura a cumplir órdenes; como si el animal entendiese la situación emitió un bramido dulce y suave en el prado mirando en dirección a la estrella Passy a modo de súplica, preguntando ¿vas a dejar que me hagan daño mi señor? Vasishta mira a la vaca diciendo:” tienes dentro de ti el poder divino para protegerte”, el animal siente una sacudida vigorosa y hace un sonido poderoso, como el rugido de un león. De repente  de su vientre comienzan a emerger cientos de soldados, aurigas de Grecia, jinetes de las estepas, espadachines de Mongolia, de Camboya y arqueros de la India.

La vaca posee el vientre que materializa el deseo celestial. El ejército de Vishwamitra no se echa para atrás, son guerreros curtidos en cien batallas que han dominado la tierra, infatigables mantienen la formación férrea de batalla. Pero ¿Qué posibilidades tiene un ejército humano? en cuestión de minutos todo el ejército es diezmado, derrotado, inutilizados los soldados de Vishwamitra que heridos o muertos yacen moribundos, el rey está aturdido, toda la vida confiando en el poder humano, entrenándose para ser un guerrero invencible, equipando el mejor ejercito y conquistar toda la tierra, y el monje del bosque con un bastón de madera y una vaca, ha derrotado a mi poderoso ejército. Lleno de ira con las mejillas ardiendo de humillación, como gran guerrero no sabe lo que es rendirse, su voluntad es indomable.

Se dice a sí mismo que esto no ha terminado, gira su talón sin mirar atrás, camina lejos del ashram y va donde van todas esas personas desoladas, al Himalaya, en busca de los picos nevados, allí Vishwamitra el amigo del universo, comienza a meditar al gran dios Shiva, dios de la destrucción, el santo patrón de todas las armas.

 ¿Cómo medita? ¿Sobre qué? ¿Qué austeridades practica? levanta los brazos y se queda allí, acostumbrado a tres comidas al día, las reduce a dos y luego a una y, finalmente, comienza a comer las hojas secas y la hierba del campo, sólo eso queda para él, cuando llega el invierno acampa junto a un río helado, cuando llega lo hace sobre una alta repisa, comienza a meditar sobre om namashivaya el gran mantra de seis sílabas. Continúa cantando y meditando om namashivaya, así durante un año y luego diez años, cincuenta años más, 200 años om namashivaya tal es el poder de su ira y la naturaleza de su voluntad, continúa meditando mil años.

Un día Shiva se aparece ante él, con su piel oscura, el corazón azul, cubierto de cenizas, cabellos en un moño como la más grande de las montañas que le rodean, la luna llena sobre su cabeza, con un gran tridente. Shiva dice con una voz que hace temblar montañas y los valles a su alrededor: “Vishwamitra hijo mío, soy muy feliz contigo, dime qué bendición buscas de mí.”

………(continuará)

E. Castillo

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