El mercado de los Yoguis. Shri Yogendraji.

Se ha dicho que “existen millones de seres humanos y lo único que sabemos de ellos que son simplemente seres humanos”. La humanidad es un conglomerado de individuos popularmente diferenciados como buenos, malos y neutros. Este mismo axioma social se aplica al colectivo de los Yoguis: al menos para aquellos que desconocen por completo un mundo tan complejo como el yóguico; por lo tanto es muy difícil para un laico reconocer un yogui genuino de uno falso. No existe un canon, filtro o procedimiento popular para clasificar la pureza de un maestro de Yoga. De hecho, la inmensa mayoría no le preocupa en absoluto  conocer su personalidad, antecedentes, vida privada, conducta, etc. En ausencia de normas establecidas, generalmente el individuo elige un yogui por simple simpatía personal. Puede o no necesariamente ser el mejor; o puede incluso ser el peor. A efectos prácticos, muchos que fingen ser yoguis pasan por lo que no son; desde siempre la India fue origen y cuna de los yoguis, ahora ha pasado  a ser privilegio y orgullo de cualquier país, que presume de tener un caudal de yoguis exportables al resto del mundo, e incluso dispuestos a enseñar Yoga a los propios indios.

Estos autodenominados Yoguis, tanto indios como no, se adornan con un sinnúmero de títulos como Swāmi, Yogi, Yogācārya, Yogesvara, Mahātmā, Sant, Mahāṛṣi, Paramahaṁsa, Bhagavān, etc. No hay nada que pueda hacerse para detenerlos. Ni que les impida apropiarse de un rango tan alto y digno – al menos sobre el papel.  La publicidad mediática en prensa, redes sociales, televisión, etc. en todo el planeta es algo habitual.

Algunos incluso dicen disponer de poderes supra-normales, milagros o capacidades superiores para aplicar a distintas situaciones, es su manera de proclamarse Yoguis. Otros pueden estar enterrados bajo tierra varios días y tomar veneno, como una de las habilidades imprescindibles para ser un gran Yogui tradicional.

Existen también los que guardan un silencio permanente excepto para ofrecer alguna Darsana, (guía espiritual o filosófica) de vez en cuando y también dicen ser Yoguis. Otros se dedican a la oración, el culto, canto y baile, que también se suman al ranking de Yoguis. Sus reclamos abarcan un amplio abanico de métodos, el despertar del Kuṇḍalini o un simple toque para despertar la experiencia de meditación trascendental (samādhi) que puede disfrutar el discípulo en medio minuto, por iniciación en “Rāmanāma” (susurro al oído).

Los yoguis modernos han ganado fortunas de esta manera, porque la categoría de los beneficios en el practicante varía según la aportación que realice, desde samarpaṇam (donación completa de sus posesiones materiales) al pago por semana o mes.

Un indio fue a los EE. UU como estudiante de ingeniería, pero pronto descubrió que había una gran expectativa social a su alrededor para enseñar Yoga, a pesar de que no sabía nada sobre el tema. Así que preparó una nutrida biblioteca privada y se hizo pasar por Yogui. Desde entonces ha  tenido gran éxito e incluso ha fundado una escuela internacional de Yoga.

Un universitario indio demostró lo útil que es el Yoga para adquirir atractivo sexual y los medios muy generosamente le facilitaron una publicidad completa. Otro respaldado por un sponsor V.I.P. viajó por todo el planeta difundiendo las técnicas de respiración que enseñaba a los astronautas, la prensa, por supuesto, le reservó espacios en negrita a primera plana.

 Tales monstruos son legión, tanto dentro como fuera de la India. Existe una pugna permanente por ver quién ofrece la fórmula más extravagante para despertar la atención de la audiencia. Son asuntos tristes en la historia del Yoga, porque esta trampa está deteriorando seriamente la causa de un Yoga genuino y el interés de la humanidad.

Algunos han intentado frenar legalmente la invasión de la corriente de chantajistas con críticas y artículos en prensa, pero la responsabilidad y remedio definitivo debe recaer en los individuos a nivel personal, que deberían poner más interés en investigar las credenciales de tales yoguis, antes de aceptarlos ciegamente por impulso del entorno mediático.

Shri Yogendraji

Yoga Sattva. Abril 2020

E. Castillo

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