Con prisa o con calma

Dr. Jayadeva en el Parisamvada

Yoga y Salud Total Agosto 2019

“Cásate deprisa y arrepiéntete con calma” reza el refrán, y así es como solemos actuar. Vivimos una vida apresurada, queremos todo ya, sin importarnos las consecuencias.

Esta actitud difiere mucho del enfoque del yoga, donde uno permanece consciente de aquello que hace y conoce ciertos resultados futuros, actuando así más calmadamente o abandonando caminos erróneos. Ahora bien, esto, por supuesto, requiere paciencia, tiempo, recapacitación, algo de lo que carecemos en los tiempos modernos. Todo es veloz, de modo que cuando se habla de diferentes afecciones por el clima frío de esta época, son debidas a nuestra falta de cuidado, debido a su vez a la falta de tiempo.

El pensamiento tradicional afirma que, si contraemos alguna enfermedad en esta época del año, nos durará todo el invierno, y eso provoca una regulación del modo de vida. Se han escrito pautas de rutinas diarias en textos como Dincharya o sobre las rutinas a adoptar en las diferentes estaciones del año en textos como Rutucharya, donde se expone de forma precisa lo que se debe hacer y lo que no. Y es por esto que se goza de buena salud en el entorno tradicional a la vez que viven vidas longevas.

Si alguien decide firmemente llevar una vida más consciente, sin tanto sufrimiento, puede llevar a cabo estas rutinas. Sin embargo, solemos tener otras cosas en la lista de prioridades como el éxito, el dinero.

Hay una historia real de un arquitecto que quería trabajar para el gobierno y solicitó plaza por escrito, aunque no recibió respuesta alguna. Decidió viajar a Delhi (esto ocurrió hace ya algunos años) para reunirse con el responsable de su petición, y una vez allí le hizo llegar su tarjeta. Pero una vez mas nadie le llamó. Decidió preguntar a su ayudante, quien le dio su respuesta standard: que el Sahib estaba ocupado. El arquitecto había viajado desde Bombay expresamente para eso y esperó durante una hora. Decidió llamar al Sahib directamente y decirle que tenia cita con el y que estaba esperado, a lo que el Sahib respondió “y entonces ¿por que no vienes? El arquitecto le dijo que el ayudante no le había permitido el paso. Entonces el Sahib dijo: “no seas tonto, dale diez rupias, ¡sobórnale!” nunca pensamos en las consecuencias de nuestras acciones, la corrupción es algo normal en nuestro país hoy en día-

De alguna manera, vivimos una vida en la que pasamos constantemente de la prisa a la preocupación, con constante velocidad, inmediatez y resultados inmediatos. No tenemos tiempo ni ganas de pensar en las consecuencias. Yo hago mi trabajo y punto, ¿quién se preocupad del sistema? Si que hay, como ya he dicho, gente quee cree en el yoga, pero son especiales. El Fundador de este Instituto era alguien especial. Insistió en que pidiéramos permiso para utilizar acero para la construcción de nuestro edificio porque en aquella época estábamos en guerra. El gobierno respondió con una carta denegando el permiso, de modo que Shri Yogendra se reunió con el funcionario al mando del departamento y le explicó que se trataba de un instituto. El jefe le respondió que no era esencial el uso del acero, pero como el Founder era una persona con carácter, le preguntó levantando la voz para que todo el mundo pudiera oírle: “¿y tu? ¿eres esencial en este mundo? Si mueres, nadie se preocupará excepto tu familia. Esto es un instituto, prestamos servicio a mucha gente, ¿Cómo puedes decir que no es esencial?” naturalmente, cuando le dijo estas palabras con fuerza, el funcionario se acongojo y mantuvo silencio. Consulto a otro trabajador y le adjudicaron el permiso. Este es el tipo de mente que necesitamos.

Nosotros, en este tipo de situaciones, damos muchas explicaciones, queremos el camino más fácil, pero no es seguro que haciendo las cosas apresuradamente obtengamos beneficio. En este tipo de situación no hay solo una persona corrupta, sino que todos los implicados lo son, de manera que hay que ir ganándose a todo el mundo, y eso retrasa mucho todos los procesos.

El Instituto se construyó entre 1947 y 1987. En esos cuarenta años, no se malversó ni un solo céntimo, a pesar de que tuvimos que tratar con el gobierno, hacienda y la administración. Los retrasos son inevitables, pero hay que terminar el proyecto. Hacienda nos reclamaba un impuesto, pero nos informaron de que, al ser un instituto, estábamos libres de impuestos, de modo que solicitamos la exención. Desde 1947, llevamos esperando respuesta, a pesar de que acudíamos a las oficinas todos los años.

En una ocasión le conté esto a un hombre que venia al instituto desde Andheri, y me dijo que había un hombre, D’Souza, que era el nuevo recaudador y que era buena persona. “será otro más” pensé para mi, pero fui a verle y después de escucharme me dijo: “ven mañana”. Me pareció que iba a ser la misma historia de nuevo, pero cuando regresé al día siguiente, llamó a su secretario y le dictó dos líneas que declaraban que el instituto estaba exento de impuestos. Llevábamos cuarenta años solicitando ese documento, y al final lo conseguimos. Todo depende de si queremos obtener resultados rápidos o nos aferramos a nuestros principios.

En una ocasión se nos estropeo el teléfono y tuvimos que poner cinta aislante mientras contactábamos con la compañía telefónica. Nos comunicaron que debíamos pagar 200 rupias para que nos instalara un nuevo teléfono. Cuando pedimos la factura, nos la denegaron, de modo que continuamos usando el viejo teléfono con la cinta aislante. Tiempo después, Shri Zail Singh, el Presidente de India, nos visitó en el Instituto y, naturalmente, cuando alguien así nos visita, todo el mundo está ocupado. El Director General de la compañía telefónica vino a comprobar que el teléfono funcionaba correctamente, pues allá donde el presidente iba, necesitaba un teléfono para estar en contacto permanente con el ejército. Cuando vio el teléfono, se sorprendió y preguntó “¿Por qué esta esto así? “le respondimos que habíamos contactado con la compañía, pero nos pedían 200 rupias. Ordenó un nuevo teléfono para nosotros de forma inmediata y nos mantuvo en lista prioritaria. Si hubiéramos pagado en su día las 200 rupias, no hubiéramos obtenido esta prioridad y cada vez que hubiéramos tenido un problema, habríamos tenido que pagar.

Por tanto, no hay duda de que siempre habrá dificultades, pero todo depende de nuestro temperamento y de si queremos las cosas de forma inmediata y a cualquier precio o si no tenemos en cuenta el factor tiempo. ¿Y tú? ¿cómo lo ves?

OIHANA CASTILLO GONZÁLEZ DE MENDOZA

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