IYENGAR – Sutra II.8.

II.8 La infelicidad conduce al odio.

Al recordar placeres perdidos y atormentarse con los deseos no colmados, el ser humano llega al sufrimiento.

El dolor, el pesar y la miseria desencadenan una secuencia de odio, inquina, aborrecimiento, desagrado, repulsión.

En situaciones extremas una persona llega a odiarse a sí mismo, a su familia, a sus vecinos y entorno, y se siente indigno.

Una persona discriminadora se esfuerza en adquirir conocimiento para poder llegar a un equilibrio (desapego o vairagya) y dejar de vivir a merced de placer o dolor (libre de apego a la atracción y también libre de la repulsión).

Una mente libre no oscila, sino que permanece en el centro.

J.M.G.

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