HANSAJI. Yoga Sutra de Patañjali. I, 49.

Cuando hablamos de conocimiento nos referimos al mundo tosco de los objetos burdos. Este conocimiento se consigue a través de la vista o del lenguaje. Efectivamente ambos medios nos transmiten información parcial del mundo exterior. Vemos, escuchamos, tocamos, etc., acciones que hacen que nuestro conocimiento se incremente. En un plano superior existen la lógica y la inteligencia. Aquí entramos en un terreno más sutil. Pero que también tiene sus limitaciones. El handicap de los sentidos es que no pueden percibir lo sutil. Su nivel de percepción se limita al entorno. El intelecto por su parte, recibe toda esa información y la da un significado. Por ejemplo el ceño fruncido indica que la persona está de mal humor. Pero hasta ahí, porque el intelecto no puede sobrepasar los niveles internos sutiles donde se originan los sentimientos más profundos. La fe que un devoto siente por Dios es un factor que sobrepasa los límites de la inteligencia.

Podemos hablar y hablar sobre la consciencia o el alma, pero ambas entidades superan la capacidad del intelecto. Por eso este Sutra afirma, que tanto los sentidos como el intelecto son insuficientes para entender conceptos cuyo origen traspasa su percepción. Una ranita saltó fuera de su charca y vio una enorme vaca pastando en el prado. Con un tremendo susto fue a contárselo a su madre. La madre muy presuntuosa haciendo gala de que lo sabía casi todo, a la vez que asentía con la cabeza inspiraba intensamente hinchando extraordinariamente su cuerpo, mientras lo hacía preguntó a la ranita: “¿Lo que has visto era tan grande como yo soy ahora?” “no, mucho más” contesto la pequeña. La madre siguió inspirando forzadamente hasta que al final la dio un patatús.

Pretendemos criticar a y debatir sobre Dios, pero en realidad poca cosa podemos percibir sobre El mediante los sentidos y el intelecto.

Dios sólo puede ser realizado.

TRADUCCIÓN: EPIFANIO CASTILLO

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