MI ESTRÉS MULTIFACTORIAL: Una historia personal

Tengo veinte años. Acabo de separarme. Trabajo para mantener a mi hijo, que es hemofílico. Es una enfermedad congénita, en que la sangre no coagula.

Mi día a día es trabajo, preocupaciones y estrés. Tengo a mi cargo las tareas del hogar. Antes de ir a la oficina he de preparar el desayuno, cocinar, limpiar la casa, sacar la basura, ir a la lechería a comprar leche porque en mi calle no llega el reparto. Mi estrés galopa desenfrenadamente como un caballo enloquecido.

Mis compañeros me preguntan porque una chica tan joven tiene la mirada tan triste, un rictus de amargura en los labios y el ceño permanentemente fruncido………., por qué estoy tan delgada y demacrada, por qué no se ve nunca una sonrisa en mi cara. Sin entrar en detalles les contesto que estoy pasando por una crisis de estrés multifactorial. Ellos no entienden mi situación, pero al menos son afectuosos. Lo que necesito es una buena guía y comprensión, un “hombro sobre el que llorar mis penas” para superar la amarga y desesperante suerte que envuelve mi vida. Mi alma llora.

Acudí al Yoga Institute, donde los Yogendras, los profesores, empleados y compañeros de clase me han dado coraje, estos cuidados han levantado un poquito mi espíritu para afrontar el estrés que me sigue permanentemente día tras día.

¿Qué puedo hacer? Mi hijo necesita atención constante. Requiere transfusiones de “plasma” para renovar su sangre, moriría desangrado si tuviera una mínima herida. También puede sufrir una hemorragia interna espontánea aunque no haya sufrido ninguna lesión. Mi corazón se “desangra” por él y me mantiene en constante tensión.

¿Cómo puedes vivir con esta carga? Puedes preguntarme, y mi respuesta sería: por los cambios de actitud que el Yoga me ha inculcado. Ellos dicen: “cumple tu deber y deja el resto en manos de Dios”. He rezado y he pensado que EL me había abandonado. Pero ¡no es así! EL viene a mi cuando practico meditación y me libera de mi carga interior; mientras el mundo externo sigue golpeando mi puerta.

La que llama ahora a mi puerta es mi hermana, su marido tiene SIDA y acaban de separarse, ¿puedes imaginar mi grado de estrés? He de apoyarla a ella también y darla fuerza moral, soy muy importante para ella y la quiero con locura.

Y a medida que avanzo desde el amanecer hasta el atardecer, involucrada en mis múltiples deberes y obligaciones, le pido al Señor que me acompañe y alivie mi carga. Y encuentro consuelo. En el lado humano son los Yogendras quienes me están dando fuerza y ahora, de vez en cuando, puedes ver una sonrisa en mi triste rostro, reduciendo mi estrés multifactorial. Suelo caminar por la senda que rodea el Instituto, deteniéndome junto al árbol dedicado a Shiva y oler la fragancia de sus flores que extienden su esencia por todas partes.

Recopilado por Harold Sequeira

TRADUCCIÓN: EPIFANIO CASTILLO

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