Vivir sin deseos

Es de dominio general que los deseos son el origen de la mayoría de nuestros problemas. La agitación que produce el deseo perturba la claridad y nos hace cometer demasiados errores. Liberarse de la esclavitud y tiranía de una vida doblegada a los deseos producirá un cambio transcendente en nuestras vidas.

Imagina una entidad como Dios, una substancia que carece de deseos.  Está ahí, presente, observando simplemente, sin ninguna expectativa. Para nosotros es imposible. En el momento que surge una idea la ponemos en acción sin más, sufriendo posteriormente las consecuencias de su realización. Los Yoguis han estudiado los deseos y su reacción con detalle.  La tendencia a la acción es un impulso intrínseco.  Nos pasamos la vida corriendo de un lado para el otro. Cuando nos preguntan ¿Por qué vamos tan corriendo a todos lados? No tenemos respuesta para eso, simplemente lo seguimos haciendo.

He aquí una historia en la que un ejército marcha y siguen marchando cuatro horas y no encuentra nada. El capitán pregunta a los campesinos si van en buena dirección y dicen: “Sí. Sigan para adelante”. Siguen marchando  otras cuatro horas. Una vez más, el capitán hace la misma pregunta y obtiene una respuesta similar, “Sigan andando un poco más y llegarán a su destino”. El capitán se vuelve hacia sus cansados soldados y habla en plan marcial: “Felicitaciones, estamos aguantando como leones. Eso es algo grandioso en un ejército, en una batalla. No hemos perdido ni un palmo de terreno, todavía estamos resistiendo”.

Así que se han pasado el día caminando sin saber bien hacia donde se dirigen y termina la tarde y siguen marchando.  Esta es nuestra situación.  Somos seres muy inteligentes, pensamos, planificamos, organizamos lo preparamos todo, y al final volvemos empezar el proceso una y otra vez.  No podríamos decir en qué momento hemos llegado a nuestro objetivo. La mente es la culpable y si la dejas total libertad para que haga lo que quiera, vas a tener problemas. Para tenerla ocupada debes tener alguna meta, alguna razón, algún propósito. En el estado final del Yoga no existe el deseo, ni hay ninguna meta, simplemente vivir en un estado de alerta consciente, permanecer consciente en todo momento.  El mundo sigue como siempre lo ha hecho, nos encontramos donde siempre, parece que todo sigue igual, la diferencia es que no deseamos nada, una actitud de perfecto espectador.

Estamos en la playa disfrutando del mar, observando como las olas viene y van, como se acercan y se alejan, puedes pasarte allí todo el día, toda la noche. Las olas del mar  parecen amenazantes, avanzando hacia la playa parece que te quieren engullir, pero tiene sus límites, están sujetas a unas leyes implacables. El mundo de la  materia puede crear cosas tan  extraordinarias que nos asusta.  Pero al final de tanto ajetreo todo permanece donde estaba. Los pequeños cambios son incesantes, si puedes entenderlos ajustándolos a su verdadera medida existencial, es decir que son pequeños cambios, te quedas muy tranquilo. Se construye una casa pero sabemos que  el tiempo acabará destruyéndola, esto es así.  Sin embargo nuestra conducta no tiene en cuenta esta verdad, agarrándonos a ella con uñas y dientes, creando enorme sufrimiento.  Uno de los miedos más comunes es que me sucederá a mí y a los míos. Difícil, muy difícil superar la barrera de yo y mío, es la barrera sicológica más férrea, no existe nada más por encima de esto. El que supera este estado y lo trasciende, se convierte en un “observador-testigo” y ve en qué consiste el último plano existencial. Se convierte en  un observador de la evolución del mundo, disfrutando del espectáculo de los cambios y eso es algo muy hermoso. Entiende que esta creación es cambio permanente, que es precisamente esa su esencia y que será eterna.  Si en este preciso momento pasas por un estado que no se puede decir que sea maravilloso, recuerda que eso también forma parte del cambio. Una vez que se consigue arraigar este entendimiento sobre la realidad de la existencia, la relación con cualquier situación u objeto se acepta sabiendo que no durará para siempre, que sufrirá cambios y los cambios desestabilizan la vida, lo que impide ser feliz.

Dr. Jayadeva Yogendra en Parisamvada

TRADUCCIÓN: EPIFANIO CASTILLO

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