A ti, que eres practicante de Yoga…

Todo practicante serio de Yoga debe tener siempre presentes determinados valores. Uno de ellos se refiere a la práctica diaria. No es aceptable un practicante desganado que ejecuta las técnicas de manera mecánica. Tampoco se entiende un entusiasmo exacerbado por mostrar prácticas cada vez más difíciles. Estas técnicas se han de abordar con moderación y sentido común (Kriyas, Asanas, Pranayamas, etc.), con la misma actitud que un científico utiliza sus aparatos de laboratorio, con prudencia y mimo.

Entender el espíritu de las prácticas es un aspecto importante que hay que aprender. No se trata de dominar posturas complicadas por encima de todo, sino en entregarse por completo a lo que se está haciendo, ajeno a su dificultad o sencillez. Ya los Yoguis de la antigüedad insistían que la más sencilla de las prácticas puede ofrecer lo mejor del Yoga. Lo más importante es sumergirse en el espíritu de la práctica y eso traerá el progreso espiritual.

Por ejemplo, si adoptas una postura meditativa debes tener en cuenta la colocación de las piernas, pies, tobillos, etc. la espalda derecha, el cuello y la cabeza en línea. Destensar los brazos, las manos encima de las rodillas. Serenar la expresión facial, mostrar un rostro en calma interior. Elegir un objeto de concentración sencillo que facilite la atención mental y reduzca la interferencia del exterior. En cuanto se activa la técnica se produce un estado de introversión, que produce gran serenidad interior. Las experiencias que se viven durante el proceso deben archivarse conscientemente para ser utilizadas en otros momentos determinados. En su momento serán de enorme ayuda, porque los estados de serenidad crean un intelecto más vivo y una alerta mental consciente que hace vivir las cosas con mayor claridad.

Otro punto a tener en cuenta, además de las prácticas, es la evaluación del trabajo personal en relación a la meta. Hay que preparar a nivel mental una batería de recursos filosóficos. No es suficiente con lecturas, también se necesita escuchar, reflexionar y debatir. El objetivo será poblar todo nuestro ser de pensamientos nobles. La misión de aquí en adelante consiste en dar un profundo significado a la colección de prácticas habituales, que en alguna medida pudieran estar realizándose mecánicamente. Es importante la realización de las prácticas y también el conocimiento de la filosofía, pero por encima de todo está el incremento del nivel de consciencia que aparece paralelo a la práctica del Yoga. El incremento de esta fuerza interior se verá reflejado en determinados cambios en las pautas de conducta. ¿Consigues integrar ideas elevadas en los actos de la vida cotidiana? ¿Te superan las emociones y pierdes el control con facilidad? ¿Sigues pensando en acumular más y más posesiones materiales? ¿Cultivas algún tipo de compromiso de carácter elevado? ¿Confías plenamente en la existencia de una Realidad Superior? ¿Puedes olvidar los miedos y preocupaciones, y confiarte por completo a las situaciones que presenta esta Realidad?

El compromiso hacia la vida espiritual es acción prioritaria, mucho más que hacer Asanas diariamente o la lectura habitual de textos elevados. Precisamente la meta del Yoga es la experiencia espiritual, que no suele estar muy clara cuando se inicia la práctica y que se debe poner todo el interés en consolidarla, ya que es un pilar fundamental. Un estudiante de Yoga, debe prestar atención especial a las experiencias sutiles que se presentan en la ejecución de técnicas como Asanas, Kriyas y Pranayamas. Si se carece de esta experiencia consciente en detalles sutiles, la práctica se convierte en un ejercicio mecánico. El Yoga requiere una Sadhana genuina.

Dr. Jayadeva

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